Cultura

La “década prodigiosa” para el flamenco

El periodo de 1860 a 1869 puede ser considerado como la “década prodigiosa” para el flamenco, una denominación que se generalizó en estos años para un arte que empezó en ese momento a ser lo que sigue siendo ahora, según el investigador José Luis Ortiz Nuevo.

En esa década se produjo el regreso desde América del cantaor Silverio Franconetti, que ofreció una gira por distintas ciudades españolas, ha explicado Ortiz Nuevo, que dirigirá del 4 al 7 de julio en Archidona el curso de verano de la Universidad de Málaga “La década prodigiosa (1860 a 1869). El big bang de lo flamenco”.

También en esos años vinieron a Andalucía el ilustrador francés Gustavo Doré y el barón Davillier, quienes “hicieron una descripción fantástica de lo que era entonces el mundo de los bailes boleros y de los bailes flamencos que se estaban entonces definiendo”. Otro elemento fue la publicación del “Cancionero popular” de Emilio Lafuente y Alcántara, que se podría enmarcar “en un preflamenco o protoflamenco”, según Ortiz Nuevo, que fundó la Bienal de Sevilla y dirigió la bienal Málaga en Flamenco.

“Fue un tiempo en el que con el ferrocarril no vienen ya sólo los viajeros románticos muy ricos, eso hace que haya un público y, cuando hay un público, hay un arte, porque hay una profesión y unas citas semanales en las academias de baile, que se convierten en sitios de enseñanza y de recreo”. Además, en esa década “se empieza a generalizar en la prensa andaluza el uso de la palabra flamenco para señalar este producto que no es lo que era, porque antes se llamaba de mil maneras, como bailes andaluces, bailes de candil o cantes gitanos”.

Ortiz Nuevo ha resaltado asimismo que, en esa década, el cante empieza a ser el protagonista, porque “lo que era el espectáculo de lo jondo hasta entonces daba mucho más protagonismo al baile”. “Lo que venían a ver los extranjeros y seducía al público, y lo que se anunciaba en los periódicos, eran sobre todo los bailes del país, y el cante venía como acompañamiento”.

Pero en esa década hay una generación de artistas como Franconetti, El Nitri o Juan Breva “que paran la velocidad del cante, que antes únicamente servía para bailar, y ahora va a servir para escucharse”, ha apuntado Ortiz Nuevo. Para este investigador, el curso de verano no pretende ser “el fin de nada, sino el principio de que la universidad se enfrente al conocimiento del flamenco como hecho artístico de una manera distinta a como ha venido haciendo hasta ahora”.

“Hay personas que prefieren un flamenco misterioso, indefinido y de orígenes casi secretos porque eso le da más valor, y en el fondo creo que es un desprecio de cierta intelectualidad que prefiere que los flamencos continúen en la caverna, pero la realidad eso ya no lo permite”. Por el contrario, Ortiz Nuevo considera que “mientras más conozcamos este arte, cómo empezó, cómo creció, cómo sigue vivo, cómo es una criatura verdaderamente fantástica, además de Patrimonio de la Humanidad, más cariño y disfrute podremos tener de él”.

Fuente. Diario Sur.

Redacción
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