Economía

Surfruit: emporio familiar, explotación laboral e impunidad

Surfruit se publicita como la mayor y más moderna empresa procesadora y comercializadora de fruta de la vega del Guadalquivir. Controlada por el imperio de la familia Mora-Figueroa ha sido denunciada por explotación laboral.

Hace unas semanas, el diario Público dio a conocer la situación laboral existente en la fábrica de la empresa en Tocina (Sevilla). En el artículo se explicaba los métodos de humillación laboral utilizado por la firma, así como las represalias sufridas por las trabajadoras.

El sector del manipulado es uno de los que concentra mayor número de empleo femenino. Administraciones como la Consejería de Agricultura han realizado un reciente análisis sobre la precariedad laboral de la mujer en el sector rural. “La práctica totalidad del empleo femenino se concentra en la parte de procesamiento y comercialización”, representando el 58% del total del empleo en este sector del manipulado. Desde la Junta señalan que en rasgos generales “las mujeres viven una situación de precariedad laboral, con contratos temporales y jornadas parciales. Esto provoca menores ingresos y mayor vulnerabilidad”.

El Sindicato Cobas representa como sindicato al grupo de envasadoras que han sido despedidas de Surfruit el pasado mes de enero. “En general el envasado es un sector que, al igual que el campo, no hay quien vele por el cumplimiento de los derechos. A pesar de ser uno de los sectores más subvencionados, gobiernos y administraciones intentan no perseguir el fraude”.

Familia Mora Figueroa Domecq: emporio familiar

En 2016 se le estima una fortuna 800 millones de euros. Familia latifundista que se encuentra entre las primeras receptoras de ayudas de la Unión Europea; entre 2008 y 2016 se estima que recibieron de la PAC 49,7 millones de euros.

Son los hijos de Carmen Domecq y de José Ramón Mora-Figueroa. Ese matrimonio unió un gran patrimonio agrícola en la década de 1930, cuyo principal estandarte es la finca Las Lomas en Cádiz. Los Domecq inician su actividad en Cádiz en el siglo XVIII, cuando el noble francés Pierre Domecq llegó a Andalucía y empezó a comprar bodegas y tierras con las que construyó un verdadero imperio de licores que fue pasando de generación en generación, justo hasta la última, que vendió la mayor parte de la empresa, primero a Allied Lyons, que después pasó a manos de Pernod Ricard.

Gran parte del patrimonio atesorado por esta familia procede también de su incursión en el negocio del embotellado y la distribución, en concreto, con la empresa Refrescos Envasados del Sur, la compañía que trabajaba para Coca-Cola en Andalucía y de la que el propio Ramón Mora-Figueroa Domecq fue presidente.

Redacción

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