Medio ambiente

La “cacería” de Juan Clavero

Juan Clavero es para algunos terratenientes de la Sierra de Cádiz, si estuvieran en épocas para ellos mejores, una pieza de caza a tener disecado en el salón de algún cortijo; carne de paredón, o de emigración, o de… Ya que no pueden hacer este tipo de acciones que tantas y tantas veces han hecho sus antepasados, intentan adaptarse a esta época de democracia policial y hacen lo que pueden.

La coloqueta es un término del argot policial para definir la trampa por la cual se le endosa a la víctima, habitualmente por venganza, droga en una maleta, un vehículo, etc. Dependiendo de la suerte de la víctima se sale indemne o te caen unos cuantos años en la cárcel. Según fuentes policiales, Juan Clavero sufrió el pasado 26 de agosto una coloqueta.

La finca La Breña del Agua, en Benamahoma, es un espacio especial para sus habitantes. Siempre ha sido un espacio comunitario por el que pasear, coger setas y tagarninas, o hacer el largo y pedregoso camino hasta Zahara por la Sierra Margarita. Ahora ya no es así, “ahora sales de la pared del pueblo y ya tienes un guardia. Nos han cortado las veredas”. “La finca era de un vecino de aquí, Pepe Jarillo, que era el que la trabajaba. Para él no había ni vallas ni lindes. Cualquiera del pueblo podía ir a su finca. Él la vendió a a un arquitecto de San Roque cuando se jubiló, un tal Alfonso Herrera, y ahí perdimos la finca”, dicen en el pueblo.

El pasado sábado 26 de agosto, Juan Clavero recorrió estos parajes en un marcha reivindicativa y al final del día terminó en un calabozo acusado de traficar con 47 gramos de cocaína. Según dicen con sorna algunos conocidos, es un ecologista raro pues no tiene ni una planta de marihuana.

Alfonso Herrera, que actualmente mantiene la administración única de casi una treintena de sociedades relacionadas con el sector inmobiliario, adquirió la finca se valló todo el perímetro y esto afectó a la vía pecuaria que une por la sierra El Bosque con Zahara, además de a numerosos caminos públicos. La batalla de los ecologistas por la recuperación de esta vía pecuaria se ganó recientemente por orden de la Consejería de Medio Ambiente. Lo que ocurrió tenía que ver con este asunto.

A la marcha se unió una persona extraña para los ecologistas. Manuel decía que se llamaba. Durante toda la excursión el comportamiento de Manuel fue extraño. “Se apartaba mucho para hablar por teléfono, decía que estaba preocupado por su mujer”. El recorrido era por la Colada y duró unas cuatro horas. Los guardias de la finca les siguieron a distancia, “nos fotografiaban, al principio no nos dijeron nada, nos seguían de cerca. Seguía habiendo vallas, aquel camino no estaba libre como debía”, dice un ecologista que hizo la marcha.

Al terminar la marcha, tres guardias civiles, uno de Ubrique y dos de Prado del Rey, ninguno de El Bosque, paran la furgoneta de Juan Clavero. No ha pasado ni un minuto desde que dejó a Manuel. Nadie, excepto Manuel, sabía que Clavero iba a pasar por ese lugar. Desde entonces no vuelve a saberse nada de Manuel.

Pero los agentes sí sabían por dónde iba a pasar Clavero. Tal y como les habían dicho en una llamada anónima realizada desde la cabina de teléfono del pueblo, en la furgoneta hallan un paquete que identifican como cocaína.

Algunos ecologistas han indagado sobre el asunto. Trabajadores de la finca les dicen que el tal Manuel es un asiduo, muy amigo de uno de los capataces. Ponen su foto en el facebook de Podemos. Alguien le identifica como un vecino del barrio de La Unión en Jerez.

La finca, o más bien las fincas, que atravesaron en su excursión los cuatro senderistas y que finalizó con la actuación de la Guardia Civil, tiene una extensión de 1.600 hectáreas. Tan grande como para desparramarse por tres términos municipales.

En esta finca no se emplea a una sola persona de Benamahoma. Nos lo dicen varios vecinos en el pueblo. Otros vecinos, con la casa cercana a la entrada de la finca, nos hablan del trasiego de coches de alta gama de madrugada, “sobre las dos o las tres”. Y todos nos cuentan la gran cantidad de personal de vigilancia. Otro vecino habla de que ha visto subir máquinas excavadoras. En cualquier monte te encuentras a un agente de Medio Ambiente, ahí ni uno”.

En la actualidad la finca es propiedad de una empresa radicada en Sevilla con capital belga. El administrador único se llama Galle Marnix. Sin embargo, la gente del pueblo dice que “aquí el que manda es José Miguel Herrera. Él es el jefe de la finca”. José Miguel Herrera es el hijo del anterior propietario, el arquitecto de San Roque.

Los Herrera vendieron en 2013 las fincas a la sociedad belga por 11.200.000 euros, a 7.000 euros la hectárea. Previamente, por ese mismo precio, se ofreció a la Junta que ejerciera su derecho de tanteo. El informe técnico, que califica la finca como de “alto valor ecológico y escaso valor productivo”, dice: “Basándonos en el valor frecuente de las fincas de pastizal en Cádiz, 4.800 euros la hectárea, y contando con que el valor forestal es inferior al pastizal, parece excesivo el precio de venta”. Se vendió, según este documento, a cerca del doble de su precio de mercado.

Con toda esta información, parece lógico pedir explicaciones a las autoridades policiales de la provincia de Cádiz, o al delegado del gobierno español en Andalucía, Antonio Sanz, gran conocedor del terrero. Una sociedad mínimamente articulada y democrática no puede permitir que este tipo de cosas ocurran, al menos sin consecuencias graves para sus culpables.

Fuente: Diario de Cádiz.

Redacción
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