Medio ambiente

El “lago asesino” de Puebla de Guzmán: ejemplo de la socialización de los costes medioambientales mineros

La minería es quizás el caso de actividad productiva más claro de cómo se privatizan los beneficios y se socializan las pérdidas. La Junta de Andalucía va a costear la resolución de un problema que ha provocado la explotación de una mina en Puebla de Guzmán.

En el borde occidental de la Franja Pirítica onubense, a escasos cuatro kilómetros del núcleo urbano de Puebla de Guzmán, hacia el Oeste, la compañía inglesa The Bedel Metal & Chemical. Ltd. perforó hacia el año 1893 el subsuelo de Las Herrerías buscando ampliar el volumen de extracciones de su yacimiento pirítico de Cabezas del Pasto, también en el término de Puebla de Guzmán. Encontró el yacimiento llamado Guadiana. En 1899, la mina de Herrerías se encontraba en plena producción. A finales del año 1912, la Bedel traspasó al gigante químico francés Saint Gobain la concesión de Las Herrerías. Con grandes intervalos de cese de producción, causados por la Primera Guerra Mundial, el Golpe de Estado que inició la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, Saint Gobain la explotó bajo su filial Sociedad Minera del Guadiana hasta el año 1950, cuando por mandato judicial se extinguen los contratos de arrendamiento y subarrendamiento. La mina vuelve a manos de sus propietarios, la familia Sundheim, que, en el año 1951, funda, junto al Banco Urquijo y el Banco de Vizcaya, Minas de Herrerías SA. La explotación de los yacimientos de Las Herrerías continuaría durante tres décadas más, hasta finales de los años 80.

Tras la actividad quedó la amenaza del bautizado como lago asesino.  La antigua mina a cielo abierto (corta minera) inundada que acumula 80.000 metros cúbicos de dióxido de carbono (CO2) disueltos en el agua. Para resolverlo, el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) instalará en la primera quincena de este mes el sistema que permitirá extraer del fondo del lago el gas y alejar el peligro. Costará 21.366,25 euros, que sufraga la Junta.

En condiciones normales, el CO2 permanecerá en el fondo del lago sin que sea un peligro. El riesgo reside en que se libere de golpe, por el derrumbe de un bancal o un pequeño sismo, por ejemplo. Las alarmas en Huelva saltaron hace un año, cuando en una publicación científica se reseñó la existencia de este lago con una gran acumulación de CO2 en el fondo. El gas se había formado debido al contacto de las aguas ácidas derivadas de la actividad minera con los carbonatos de los suelos de la corta. “Hay acumulado suficiente CO2 para ser peligroso”, señala Sánchez, coautor de aquel artículo científico y que ahora se encarga del proyecto para desactivar la amenaza.

El equipo de Sánchez calcula que en el caso de liberarse el CO2 del lago de Puebla de Guzmán, se generaría una nube de cinco metros de altura. El pueblo está a un kilómetro, con lo que no habría riesgo para sus habitantes. “Pero si alguna persona está cerca moriría por asfixia”, advierte.

Redacción
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