Opinión, Tribuna abierta

Cuarta ronda por la independencia de Cataluña

En tres años Cataluña ha conseguido un gran avance hacia una República independiente con creciente apoyo del electorado. Se ha logrado poner la cuestión catalana en la política europea y hasta internacional, aunque este es un país sin gran relevancia pues de cada mil personas del mundo, una solamente vive en Cataluña.

La primera ronda de votación por la independencia se dio el 9 de noviembre de 2014 cuando la Generalitat de Cataluña presidida por Artur Mas consiguió llevar a cabo una consulta popular preguntando a los votantes si querían que Cataluña se convirtiera en estado, y si en tal caso querían que ese estado fuera independiente. Ganó la opción Sí-Sí por 80 por ciento pero hubo mucha abstención de quienes se oponían a la propia idea de un referendo. El total de votantes fue inferior al 50 por ciento del censo. Como entusiasta partidario del Sí-Sí publiqué un artículo sobre ese “Ensayo de Referendo en Cataluña”. http://www.jornada.unam.mx/2014/11/15/opinion/024a1mun

Fuimos entonces 1,860,000 los partidarios del Sí-Sí entre 2,300,000 sufragantes. El gobierno de Madrid evitó la fuerza física pero apoyó las denuncias penales contra el presidente catalán y su gobierno que desembocaron en 2017 con cuantiosas multas, embargo de bienes e inhabilitación para cargos públicos pero no, todavía, con penas de cárcel.

Así las cosas, el 27 de septiembre de 2015 hubo nuevas elecciones al Parlamento catalán. Dos partidos nacionalistas, Convergencia y Esquerra Republicana (dirigidos por Artur Mas y Oriol Junqueras) se unieron en la candidatura Junts pel Sí que obtuvo 62 escaños de 135, mientras que un partido anti-capitalista, feminista y ecologista, la CUP (Candidaturas de Unidad Popular), obtenía 10. La participación casi alcanzó el 75 por ciento del censo. Entre Junts pel Sí y la CUP lograron 1,965,000 votos y una mayoría parlamentaria. Artur Mas renunció a ser presidente por exigencia de la CUP, que le veía como excesivamente de derecha. Un diputado poco conocido entonces, Carles Puigdemont, alcalde de Girona, fue elegido presidente de la Generalitat por el Parlamento. El principal punto del programa era declarar la independencia en un plazo de 18 meses, es decir en marzo de 2017.

Así se hizo aunque con cierto retraso. El 6 de septiembre de 2017 se votó en el Parlamento de Cataluña por mayoría una ley convocando a un referendo. Esta ley fue considerada ilegal inmediatamente tanto por el Tribunal Constitucional como por el gobierno español. El referendo se llevó a cabo sin permiso el 1 de octubre. La Generalitat se las ingenió con mucho apoyo popular para que, a pesar de registros y amenazas, se abrieran bastantes colegios electorales y estuvieran disponibles urnas (llegadas clandestinamente de China a través del sur de Francia) y papeletas de votos. El voto por correo fue imposible. El ejecutivo español desplegó miles de policías y guardias civiles llegados a Cataluña pocas semanas antes. Estos se emplearon a fondo durante varias horas en algunos lugares pero no en todos, apoderándose violentamente de las urnas de votación y atropellando a quienes esperaban votar. Yo mismo estuve en una de esas colas. El gobierno español perdió ese día parte de la opinión pública internacional por los muchos videos mostrando a la policía y guardia civil agrediendo a votantes.

La pregunta del referéndum a responder con un «Sí» o «No», fue «¿Quiere que Cataluña sea un estado independiente en forma de república?». El apoyo a la independencia superó el 90 % pero, otra vez, muchos de los contrarios no acudieron a votar. Y bastantes votos se perdieron por la violencia estatal. Se contaron 2,020,144 votos por el «sí» y 176,565 votos por el «no», con una participación del 43 por ciento.

Este histórico Primero de Octubre dio un sentimiento de victoria. El trepidante mes continuó con huelga general el 3 de octubre contra la violencia estatal y acabó tras manifestaciones callejeras de signo diverso con la tímida proclamación de la independiente República de Catalunya el 27 de octubre, rápidamente suspendida por el Tribunal Constitucional. El estado español aplicó el artículo 155 de la Constitución española de 1978, disolviendo el Parlamento catalán, interviniendo la gestión cotidiana del gobierno y (erróneamente para sus propios intereses) llamando a elecciones regionales el 21 de diciembre. También por la vía penal llegaron acciones para encarcelar al presidente Puigdemont y a su gobierno. Esas causas llegaron a la Audiencia Nacional y al Tribunal Supremo en Madrid. El propio Puigdemont pudo escapar y exiliarse en Bruselas donde lleva ya casi dos meses con algunos otros ministros de su gobierno, interviniendo a través de las redes y de la prensa. No es el primer presidente de la Generalitat en el exilio en la historia. Otros ministros del gobierno fueron encarcelados unos días. Quedan en prisión en Madrid cuatro presos políticos catalanes muy conocidos, incluyendo a Oriol Junqueras y Jordi Sánchez, respectivamente cabeza de lista de Esquerra Republicana y segundo de la lista de Puigdemont en las elecciones del 21 de diciembre y por tanto diputados electos. Todos ellos (los refugiados en Bélgica, los encarcelados y los que están en libertad provisional) a la espera de un juicio por “sedición” y “rebelión” con amenazantes penas de 30 años.

Oriol Junqueras, vicepresidente de Cataluña y dirigente de Esquerra Republicana, ejerció su derecho de voto por correo el 19 de diciembre desde Madrid, donde llevaba 44 días en prisión provisional. El presidente en el exilio, Carles Puigdemont, no pudo emitir su sufragio como tampoco los cuatro ministros que le acompañan en la capital belga. Así pues, unas elecciones anómalas con candidatos principales ausentes. Pero el 21 de diciembre las tres candidaturas independentistas (la lista de Puigdemont, la de Esquerra Republicana con Oriol Junqueras y la de la CUP) han obtenido otra vez una mayoría en el Parlamento catalán con 70 curules de 135 y unos 2,100,000 votos. La participación ha sido enorme, de alrededor del 80 por ciento del censo.

Hemos ganado, por poco pero hemos ganado, con cada vez más votos independentistas en el trecho que va de la consulta de 2014 a las elecciones regionales de 2015, al referendo del 1 de octubre de 2017 y a este 21 de diciembre con nuevas elecciones regionales.

Sin embargo, a la tercera (o a la cuarta) no va la vencida todavía. Potencialmente se le abre una vía de agua al régimen de 1978 en toda España y es lástima que el partido político Podemos hasta ahora no la sepa aprovechar. No ha querido entender el republicanismo catalán, se ha quedado al margen, más bien en contra. Ramón Grosfoguel, en sus oportunos análisis e interpelaciones a J. C. Monedero y a otros líderes de Podemos, declaró: “el españolismo de ustedes les ha cegado” (Ramón Grosfoguel y Albano Dante Fachín, https://www.youtube.com/watch?v=v46e2dQXWLw). El partido Podemos continúa con la cantinela del nacionalismo catalán burgués. El himno catalán ElsSegadors (que se remonta a 1640) tiene la frase quanconvé seguem cadenes. La gran burguesía catalán tiene su himno privado, “cuando conviene, somos botiflers”. La interpretación del nacionalismo catalán como movimiento burgués siempre fue equivocada y es ahora francamente ridícula, con el periódico La Vanguardia, el Círculo de Economía, los directivos de la Caixa y del Banco de Sabadell (los mayores bancos catalanes) y el llamado Círculo Ecuestre abiertamente alineados con el gobierno de Madrid. Han sufrido una derrota como también la han sufrido la monarquía borbónica, el presidente Rajoy y el PP. Y por desgracia también Podemos que ha obtenido solamente 8 curules en estas elecciones en Cataluña. Ha triunfado el independentismo, aunque sea por poco. Ha perdido el PP, se ha mantenido el PSOE (ambos son partidos minoritarios en Cataluña) y ha crecido Ciudadanos que representa el españolismo más ferviente en Cataluña y tiene 37 de los 135 curules, habiendo capturado el voto del PP.

¿Qué ocurrirá en las próximas semanas? ¿Soltarán la justicia y el gobierno españoles a los presos políticos? ¿Se reinstalará el gobierno catalán con Puigdemont y Junqueras a la cabeza? Mucho depende de la fuerza en la calle del movimiento popular catalán dedicado a consolidar lo (re)conquistado y a reclutar nuevos partidarios de la independencia para llegar en la próxima ronda al 60 por ciento de los sufragantes. Mientras tanto, se debe preparar pacíficamente la Constitución de la eventual República de Catalunya para que pueda ser votada en referendo. Ese 60 por ciento está al alcance si la mayor parte de los votantes de Podemos en Cataluña se declaran la próxima vez en favor de la República catalana y contra la monarquía borbónica y el régimen del 1978.

Autor: Joan Martínez Alier. Catedrático de Economía y el más importante representante de la Ecología Política en Catalunya y el Estado español.

Redacción

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