Columnas, Opinión

La “reprimarización” de las economías del Sur

Desde los orígenes del capitalismo, los territorios y los pueblos del Sur fueron dedicados a la producción de materias primas –alimentarias y minerales- para abastecer las necesidades del crecimiento y la acumulación de capital en las economías del Norte. En un proceso cuyos inicios se sitúan en la expansión colonial europea a partir de 1492.

Esta dedicación, lejos de ser elegida, o resultado del “libre” comercio, fue impuesta por la fuerza desde la conquista a través de un crudo ejercicio de poder. Una imposición acompañada del atropello y la destrucción de pueblos y culturas y de un ecocidio –destrucción de hábitats a gran escala- hasta entonces sin precedentes. Desde muy pronto, en grandes extensiones de América Latina los monocultivos ocuparon los recursos y trajeron la ruina, el hambre y la miseria a las tierras que antes alimentaban a las poblaciones autóctonas y pasaron a alimentar un comercio triangular –mercancías, esclavos, productos alimentarios-, que fue un motor esencial para la acumulación y la expansión del capital europeo. Se ponía así en marcha un modelo depredador en el que la riqueza apropiada por el Norte terminaba cristalizando en pobreza para las economías del Sur, alimentando “la maldición de la abundancia”.

Ya en el siglo XIX, Inglaterra, imperio colonial, utilizando procedimientos que también tenían mucho más que ver con la coacción y la violencia que con el “libre” mercado, consiguió destruir el tejido productivo hindú, a la vez que desalojó de los mercados europeos a los tejidos de algodón de la India; obligó a orientar la producción algodonera hindú hacia las fábricas textiles de Manchester y terminó por invadir a la India con sus textiles. En el mismo siglo, y también en Inglaterra, David Ricardo, con su teoría del comercio internacional basada en la hipótesis de la ventaja comparativa, venía a justificar la división internacional del trabajo que rige desde los inicios del sistema, presentándola como el reparto de tareas con el que saldrían ganando todas las partes implicadas, sin perjuicio para ninguna. Haciendo uso de presupuestos tan alejados de la realidad como que los precios percibidos reflejan los costes asociados a los procesos productivos destinados a la exportación. Hipótesis que oculta, tras el velo de lo monetario, la especialización de las economías primarias o extractivas del Sur en actividades generadoras de daños sociales y ecológicos que las cuentas económicas no recogen. Una vez más, la función encubridora de la ideología económica dominante jugaba su papel.

Por esta dedicación, dictada desde las metrópolis, de abastecedoras de productos primarios, las economías del Sur perciben una remuneración por debajo de los costes de los procesos económicos que en ellas se localizan. En las antípodas, en el Norte no sólo se localizan las actividades de “producción” en el rango más elevado de la jerarquía, sino también las financieras y las de concepción, investigación, gestión y dirección de los procesos económicos, de modo que estos territorios acaparan las funciones estratégicas de circulación, regulación y control dentro del sistema. Se genera así una asimetría en la capacidad de apropiación de valores monetarios resultado de un doble proceso: uno relacionado con el carácter gratuito con el que se toman de la naturaleza los recursos naturales en las economías extractivas, obtenidos al mero coste de extracción, y no de reposición, y otro fruto de condiciones institucionales e ideológicas vinculadas con el poder de quienes gobiernan los eslabones superiores de las cadenas de producción, elaboración y distribución de mercancías. El comercio internacional actúa así como un mecanismo de intercambio desigual que procura la apropiación de la riqueza del Sur desde las economías del Norte, a la vez que amplía y reproduce los procesos de dominación en su beneficio.

Desde los 80, a la asimetría del comercio se superpone el juego de un sistema financiero que contribuye a reforzar el poder económico de los países ricos, funcionando como una palanca que incrementa la capacidad de compra sobre el mundo de las grandes corporaciones del Norte. La captación del ahorro mundial por parte de estos agentes económicos a partir de la creación de “dinero financiero” (nuevas emisiones y ampliaciones de capital), hace posible la apropiación de partes estratégicas del patrimonio empresarial de las economías del Sur, con frecuencia vinculadas a sectores relacionados con la explotación de los recursos naturales (minería, energía, agua, tierra). Se refuerza así, en un plano complementario, el carácter adquisitivo de las economías ricas al mismo tiempo que se profundiza la dominación y el deterioro ecológico y social en las áreas extractivas o “zonas de sacrificio” dentro del sistema.

Con la globalización se intensifica la explotación masiva de la naturaleza; las fronteras extractivas no dejan de extenderse y la búsqueda sin fin de recursos naturales lleva más lejos los límites geográficos y tecnológicos de esta explotación. Una ofensiva extractivista, especialmente recrudecida desde 2005, cuyo peso recae crecientemente en las economías del Sur, acentuándose la escisión entre espacios centrales y áreas de abastecimiento y de vertido. Así, mientras la proporción en el total mundial de biomasa, combustibles fósiles y minerales extraídos en la Unión Europea y Estados Unidos se reduce a la mitad entre 1980 y 2013, el resto del mundo pasa en este período de localizar un 66,7 al 83,3% del total extraído en estos tres capítulos. En estos años, en América Latina la extracción de estos materiales pasa de 4,6 a 12,5 miles de mill. de t, creciendo en términos relativos su orientación exportadora; su balanza comercial física multiplica su déficit o exportaciones netas por 3,6.

Autor: Manuel Delgado Cabeza.

Este artículo de Manuel Delgado Cabeza, catedrático de economía de la Universidad de Sevilla, es parte del capítulo del libro coordinado por Pablo Palenzuela y editado por Icaria “Antropología y compromiso. Homenaje al profesor Isidoro Moreno”. Ed. Icaria – Universidad de Sevilla, 2017. Para facilitar la lectura se han suprimido las citas, que pueden consultarse, así como la bibliografía, en: Descarga capítulo completo “El fin del extractivismo. Algunas condiciones para la transición hacia un postcapitalismo en Andalucía”.

Manuel Delgado Cabeza

Catedrático de economía y miembro de Asamblea de Andalucía.

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