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Mercadona contra Andalucía (IV): no es solo Mercadona

Mercadona es un caso dentro de un modelo que comparten todas las grandes empresas de la distribución comercial alimentaria globalizada y que es pieza clave en el funcionamiento actual del sistema agroalimentario desde los campos a los platos. Carrefour, Alcampo, Lidl, Dia, Hipercor… comparten una forma de funcionar más allá de las diferencias en sus estrategias empresariales y comerciales.

Estas grandes empresas compran en masa productos homogéneos a un número reducido de proveedores en su mayoría empresas industriales y  algunas agrarias. Sus proveedores tienen que ser grandes empresas o cooperativas empresariales que tengan capacidad para manejar los grandes volúmenes que requieren estas empresas para abastecer sus numerosas tiendas. Las empresas de la gran distribución globalizada son mayoristas y minoristas a la vez. Es decir, compran a productores directamente, almacenan y distribuyen desde sus plataformas logísticas regionales como hacen los mayoristas y, a la vez, venden “al detalle” o “al por menor” a consumidores finales en sus establecimientos. En este sentido “acortan” la cadena y reducen intermediarios lo que les depara mayores beneficios resultado de su creciente poder de negociación con proveedores y mayor poder de decisión sobre qué productos estarán en sus estanterías. En un contexto como el actual de sobreproducción agroalimentaria, la gran distribución decide que productos llegan a las estanterías y cuáles no, cobrando por ello en forma de menores precios de pago por los productos que compran. El éxito de ventas implica la desaparición del comercio tradicional alimentario y ello incrementa el poder de la gran distribución sobre el consumo. Controlan así la dieta en la medida en que la complicidad de las y los consumidores se lo permiten.

La gran distribución comercial es además un potente agente financiero. Compramos y pagamos al contado pero Mercadona y demás empresas de distribución comercial aun tardan entre uno y tres meses en pagar a proveedores. En ese tiempo el dinero cobrado, que son millones de euros, se invierte en mercados financieros a corto plazo, mercados altamente especulativos y lucrativos, obteniendo importantes beneficios comprando y vendiendo activos financieros. Estos beneficios financieros han financiado la expansión acelerada de apertura de nuevos establecimientos a bajo coste sin endeudamiento. Las grandes empresas de la distribución comercial se hacen así más y más grandes gracias a la colaboración activa de consumidores y consumidoras que cada vez tienen menos opciones para comprar y gracias también al creciente poder que ejercen sobre la industrial y el mundo agrario a quienes reclaman precios decrecientes.

Su retórica es la calidad. Un concepto de calidad construido sobre la base de la desigualdad en la cadena agroalimentaria de la que quedan excluidas las fincas familiares y las cooperativas y empresas de pequeño tamaño y con ellas los territorios en los que se arraigan. Una calidad que implica homogeneización, precariedad y exclusión social, cultural, económica, agronómica y alimentaria.

Marta Soler Montiel
Profesora de Economía en la Universidad de Sevilla.
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