Columnas

En el 82 aniversario del asesinato

En la noche del 10 al 11 de agosto de 1936 fue asesinado Blas Infante, junto a otros demócratas, en el kilómetro 4 de la antigua Carretera de Carmona, en Sevilla. Se cumplían exactamente cuatro años de la primera intentona golpista contra la República, la del general Sanjurjo y cinco días después se repondría, desde el balcón del ayuntamiento por Franco y Queipo de Llano, la bandera monárquica. Han transcurrido 82 años del crimen y los restos de Infante aun no han sido exhumados. Parece que están en una de las fosas del cementerio sevillano, junto a otros miles de asesinados. La Fundación que lleva su nombre organiza, como cada año, en ese lugar, ante el monumento allí erigido -a las 11 de la mañana-, un acto conmemorativo abierto, apartidista y con vocación unitaria no solo para seguir denunciando la infamia, que se intentó “legalizar” cuatro años después con una condena a muerte por “revolucionario” y por “andalucista”, sino, sobre todo, para subrayar la vigencia de lo esencial del pensamiento político del “padre de la matria andaluza” (yo prefiero esta denominación a la de patria, que es un término hoy muy contaminado). Por primera vez, por problemas de salud, no podrá participar su hija María Ángeles, que tenía seis años cuando su muerte. Hablará en su nombre el recientemente nombrado vicepresidente de la Fundación, Javier Delmás Infante. En el acto actuará el conocido compositor y letrista gaditano Jesús Bienvenida.

Aunque diversos grupos políticos o asociaciones han convocado también otros actos de homenaje, a este de la Fundación no deberían faltar todos los andalucistas a los que sea posible asistir, aun más si se declaran soberanistas, más allá de las diferencias entre los diversos colectivos. Es cierto que, al ser un acto abierto, en el que lógicamente no existe el “reservado el derecho de admisión”, pueden presentarse allí (aunque sea a un nivel bajo de representación) y participar en la ofrenda floral algunos partidos y entidades cuya ideología incluso puede estar en las antípodas de la que defendía don Blas. El oportunismo político, el cinismo o la ignorancia (o las tres cosas a la vez) explican la contradiccción, que sería solo una anécdota si el acto se celebra entre un mar de banderas andaluzas y si miles, o al menos cientos, de gargantas cantamos al unísono el “pedid Tierra y Libertad” y “sean por Andalucía libres los pueblos y la humanidad”. Dos reivindicaciones inasumibles por los defensores del capitalismo neoliberal y del nacionalismo de estado español, es decir, del Régimen del 78 (con su plasmación andaluza del psoísmo priista).

Isidoro Moreno Navarro

Catedrático Emérito de Antropología Social. Miembro de Asamblea de Andalucía.

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